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¿Qué ocurre cuando un sujeto entra en un espacio, cierra la puerta, y decide por sí mismo qué hacer con lo que tiene a su disposición?

Esa pregunta es el centro de mi trabajo como musicoterapeuta.

Me llamo Eduardo Prado. Soy chileno, llevo más de treinta años proponiendo experiencias musicales con personas — en escuelas, orquestas y contextos educativos diversos. Ese recorrido encontró nuevo cauce en la musicoterapia, donde me formé en Italia como parte de la primera generación de musicoterapeutas en obtener el Diploma Accademico di II Livello — el nivel académico más alto previsto para la disciplina en Italia y el primero de su nivel en la historia de la musicoterapia italiana. Hoy trabajo con dedicación exclusiva a la musicoterapia en diversas realidades clínicas y terapéuticas en la provincia de Ancona.

Lo que propongo en esta página nace de la práctica, no de la teoría. Mi propuesta parte de algo que muchos musicoterapeutas reconocerán en su práctica pero que raramente está fundamentado de forma explícita: que el gesto autónomo del sujeto — el movimiento, el sonido, la pausa que nadie pidió — es en sí mismo terapéutico. Y que la música, por su estructura temporal específica, puede sostener ese proceso sin dirigirlo. Esta página recoge esa propuesta: sus fundamentos, su práctica en contextos muy distintos, y su desarrollo en curso.